La fibromialgia lleva poco más de 20 años reconocida como enfermedad.
Hasta ese momento, los pacientes no tenían un nombre para su dolor y
fatiga crónicos. Actualmente, todavía son muchas las lagunas sobre este
trastorno. ¿Qué lo genera? ¿Qué papel juegan los genes? ¿Cuál es el
mejor tratamiento? Los estudios de imagen funcional muestran que estos
pacientes procesan de forma diferente el dolor. El doctor Richard
Gracely, del Centro de Investigación en Fatiga y Dolor Crónico
Georgetown (Washington, EEUU), fue el primero en demostrar que las áreas
involucradas en el procesamiento de los estímulos dolorosos son las
mismas en estas personas pero tienen una mayor actividad.
Narcis Cardoner, del Centro de Investigación Biomédica en Red de
Salud Mental y psiquiatra del Hospital Universitario de Bellvitge, ha
participado en un estudio, publicado en 'PLoS One', que ha buscado
caracterizar la respuesta cerebral frente al dolor de estos pacientes.
"Lo que hemos encontrado es que, tras administrar estímulos de forma
térmica a estas personas (que ellos vivían como si tuvieran pequeños
pinchazos), se activan las regiones del cerebro puramente sensitivas,
las que reflejan la sensación del dolor, y otro conjunto de zonas que
tienen que ver con la respuesta emocional negativa. Estos pacientes
presentan un exceso de respuesta en estas áreas emocionales, como es el cíngulo y la ínsula, no tanto en las zonas relacionadas con sentir el dolor".
Aunque todavía no los expertos no pueden asegurar si esto es una
característica que hace más vulnerables a estas personas a sufrir dolor o
si se trata de una consecuencia al hecho de sufrir un dolor crónico,
los estudios de resonancia funcional sí que sirven para eliminar el
estigma de la enfermedad. "Están objetivando algo que no puede
desencadenar de forma subjetiva el paciente.
No se trata de un invento", afirma Cardoner.
¿Pacientes mal tratados?
El tratamiento también es otro hándicap de estos pacientes ya que no
hay ningún fármaco que cure y además muchos reciben medicamentos que no
les alivian. "Los únicos fármacos que funcionan son los antiepilépticos y
antidepresivos, no por su efecto antidepresivo sino por su acción sobre
el sistema nervioso central. Y su eficacia es relativamente baja. Los
antiinflamatorios y los analgésicos opioides no van bien, aunque son los
medicamentos que más toman estos pacientes", señala José María Gómez
Argüelles, coordinador del Comité ad-hoc para el Estudio de la
Fibromialgia de la Sociedad Española de Neurología.
El exceso de analgésicos y antiinflamatorios se debe a que los
síntomas de la fibromialgia son múltiples y variados y al tiempo que
pasan sin un diagnóstico certero. "
Los antiinflamatorios se consumen a manos llenas
y no están indicados. Habría que erradicarlos inmediatamente. Lo mismo
ocurre con los analgésicos opioides (parches de fentanilo, mórficos,
etc.), que son fármacos que tratan dolores agudos, pero no para crónicos
de tipo neuropático", afirma Javier Rivera, miembro del grupo de
fibromialgia de la Sociedad Española de Reumatología.
José Francisco Tinao, director médico de la Clínica Medicina Integrativa, destaca la importancia de
abordar al paciente en su conjunto.
"La Medicina Integrativa, que surge en Estados Unidos en los 90, se
ocupa mucho de los aspectos nutricionales e incorpora las medicinas
alternativas que permiten reducir la cantidad de medicación que toma el
paciente, al que atiende no sólo sus aspectos biológicos sino también
los mentales y espirituales. Es como volver al médico de pueblo".
Esta disciplina incorpora técnicas como la acupuntura y la
homeopatía, que buscan mejorar la calidad de vida del paciente. "La
propia atención y escucha pueden beneficiarles. Estos pacientes se
quejan de estar marginados y ser considerados falsos enfermos", añade
Tinao.
Terapias en investigación
Por otro lado, en los últimos años se ha empezado a hablar de otra posible herramienta terapéutica que está en estudio.
Se trata de la coenzima Q10.
"Hay un subgrupo de pacientes con fibromialgia [en torno al 70%] que
tienen una disfunción mitocondrial. Presentan un nivel más bajo de
coenzima Q10, que utiliza la mitocondria en la célula para fabricar
energía. La célula para trabajar necesita energía, la mitocondria sería
la pila y la coenzima Q10 sería el contenido interno de la pila",
explica Mario Cordero, profesor de la Universidad de Sevilla.
En un trabajo, dirigido por Cordero y publicado en 'PLoS One', "hemos
mostrado [en 20 personas con fibromialgia] que la administración oral
de Q10
mejora significativamente los síntomas clínicos de
estos pacientes como el dolor, la fatiga, la ansiedad y los trastornos
de sueño y memoria. "Es una mejoría estadísticamente significativa. De
hecho, algunos de estos pacientes tras el tratamiento han vuelto a
retomar su actividad laboral o intelectual".
Pero, tal y como advierte Cordero, "
se trata de datos preliminares.
Ahora estamos diseñando un ensayo clínico con el Hospital Puerta Real
de Cádiz para comprobar si ocurre lo mismo en 150 pacientes".
Sin embargo, Rivera se muestra muy crítico con todas aquellas
terapias que no han demostrado científicamente su eficacia. "Me parece
que los estudios con coenzima Q10 son insuficientes.
Se requiere de un ensayo clínico de calidad
y con un gran número de pacientes. Normalmente, las agencias sanitarias
te exigen tres ensayos clínicos, de dos o tres mil pacientes, para
aprobar un fármaco. El problema es que, aunque la teoría de este
medicamento es muy racional, en la práctica muchos de estos intentos
quedan en eso", argumenta.
Igual de escéptico se muestra con la homeopatía y la acupuntura. "No
han demostrado su eficacia en la fibromialgia. El tratamiento aceptado
se basa en
una parte farmacológica (anticonvulsionantes, antidepresivos y algunos analgésicos),
junto con ejercicio y terapia psicológica.
Dependiendo de las necesidades del paciente así lo vamos adaptando.
Curarse no se curan, pero sí los podemos controlar, y evitar el
deterioro. De esta manera, podemos preservar su vida familiar, social y
laboral", afirma este reumatólogo.
Ángeles López | Madrid
Tomado de http://www.elmundo.es/elmundosalud/2012/05/11/noticias/1336756365.html